La historia de SEGA está llena de injusticias. Unas han sido más merecidas que otras pero sobre todo ha tenido muy mala suerte. En casi todas sus consolas salvo quizá, la Megadrive, ha visto como un buen producto no tenía el éxito o la aceptación que sin duda se merecía.
Esta historia se repitió con su consola portátil de 8 bits. El proyecto Mercurio, que consistía en hacer portátil a su Master System, vio la luz en Japón a finales del año 1990. Lo hizo bajo el nombre de GAME GEAR.
Nintendo comercializó a mediados de 1989 su famosa Game Boy, de modo que SEGA respondía un año después poniendo a la venta su flamante Game Gear. Sega pensó que apostando por la pantalla retroiluminada a color se desmarcaría de su competidora, tal como ya habían hecho Atari y NEC con sus consolas portátiles años antes. De modo que fue la tercera consola portátil de la historia en llevar pantalla a color dentro de la cuarta generación de consolas portátiles.
